¡Esto es mío, y esto… todo mío!
Cómo enseñarle a compartir
Alrededor de los dos años de edad el
niño comienza a “tomar posesión” de todo lo que le rodea. “Esto es mío, y esto…
¡todo es mío!”, es la una de sus frases favoritas.
Los niños
pequeños muestran mucha resistencia a compartir sus juguetes, de hecho, es
frecuente ver cómo los acaparan, aunque realmente no los estén usando.
Esta
conducta forma parte de su desarrollo: hasta los 6 años, los niños se
encuentran en una etapa en la que están muy centrados en sí mismos, están ellos
y el mundo a su alrededor; al año y medio o a los dos años, empiezan a
desarrollar su propia identidad y con ello el sentido de pertenencia.
Su
incapacidad para entender el punto de vista del otro, junto con un sentido
limitado del tiempo, hacen que les cueste entender que aunque presten algo,
sigue siendo suyo y que por tanto se lo van a devolver. Además, en torno a los
dos años de edad, los niños todavía no se muestran interesados en jugar con
otros niños. Se acercan a ellos, los abrazan y besan, pero juegan de manera
individual. Es común verlos juntos en un mismo espacio, pero con un “juego en
paralelo”, unos al lado de otros, pero a lo suyo.
¿Creís que desaparece
con la edad?
A medida que el niño va desarrollando su identidad, desarrolla también un sentido de pertenencia más ajustado: poco a poco deja de necesitar que los objetos que le rodean son suyos para reafirmarse. Además, empieza a comprender que el desprenderse temporalmente de algo no implica que deje de ser suyo. En torno a los 3 o 4 años su vida social se va haciendo más compleja, interactúa cada vez más con otros niños y comienza a compartir algunas cosas. A los 6 o 7 empiezan a entender la importancia de compartir con otros (ser aceptado por los demás, que a él también le presten…).
A medida que el niño va desarrollando su identidad, desarrolla también un sentido de pertenencia más ajustado: poco a poco deja de necesitar que los objetos que le rodean son suyos para reafirmarse. Además, empieza a comprender que el desprenderse temporalmente de algo no implica que deje de ser suyo. En torno a los 3 o 4 años su vida social se va haciendo más compleja, interactúa cada vez más con otros niños y comienza a compartir algunas cosas. A los 6 o 7 empiezan a entender la importancia de compartir con otros (ser aceptado por los demás, que a él también le presten…).
Pero esto no
quiere decir que los niños sean egoistas por naturaleza. El egoísmo también se aprende. ¿Cómo
enseñar a los niños a que hagan lo que muchos de nosotros todavía no lo hemos
aprendido? El compartir es una de las habilidades sociales más difíciles de
enseñar a los hijos. Requiere tiempo y práctica. Los bebés demuestran
habilidades sociales desde el día que nacen. Al escuchar la voz de su madre, al
voltear la cabeza para seguirla, los bebés están estableciendo un lazo social
con su entorno. Luego, cuando empiezan a jugar con sus iguales, ellos estarán desarrollando
habilidades sociales que serán positivas o no dependiendo de las relaciones que
tengan con sus padres, familiares, cuidadores y maestros.
Lo
que trato de explicar en este artículo es que a los niños se le pueden enseñar
a compartir, pero si no lo hacen no quiere decir que los niños sean egoistas,
ya que ni los adultos aprendemos a compartir y ni somos capaces de hacerlo. Los
niños comparten cuando conectan con alguien. Comparte lo que quiere y cuando
quiere ya que no le preocupa lo más mínimo lo que puedan pensar los demás ,
cosa que los adultos le damos demasiada importancia a lo que puedan pensar los
demás. Sencillamente los niños sienten y actúan, y esa es la magía de los niños
que muchas veces los adultos, en secreto, envidiamos. La magía que escondemos
pero a la vez deseamos.
Véase
en este video como los niños comparten sin importarle con quien, ni cuando, ni
cómo ...

